A los 77 años, falleció el emblemático líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Su deceso marca el fin de una era y el nacimiento definitivo de un mito popular.
El rock argentino y la cultura popular del país están de luto. En las últimas horas se confirmó el fallecimiento de Carlos Alberto Solari, universalmente conocido como "El Indio", a los 77 años de edad. El legendario cantante, compositor y líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota arrastraba desde hacía años una dura batalla contra el mal de Parkinson, enfermedad que él mismo había hecho pública ante sus fieles seguidores.
La noticia de su deceso generó una inmediata e inmensa ola de conmoción en las redes sociales, donde músicos, figuras de la cultura, la política y, sobre todo, miles de "ricoteros" manifestaron su dolor ante la pérdida de la figura más convocante y misteriosa de la música nacional.
El arquitecto del pogo más grande del mundo
Nacido en Paraná, Entre Ríos, en 1949, el Indio Solari construyó junto al guitarrista Skay Beilinson y la mánager "La Negra" Poli una de las maquinarias culturales más influyentes de América Latina. Los Redondos no solo redefinieron el sonido del rock local con himnos como Ji ji ji, Juguetes perdidos o Un poco de amor francés, sino que establecieron una ética de absoluta independencia de las grandes discográficas y los medios masivos de comunicación.
Esa mística derivó en el fenómeno de "las misas ricoteras", peregrinaciones multitudinarias de jóvenes de todo el país que transformaron cada concierto en un ritual socio-cultural sin precedentes. Tras la separación de la banda en 2001, Solari continuó su idilio masivo en solitario al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, batiendo récords de convocatoria históricos en ciudades del interior profundo como Tandil, Olavarría o Mendoza.
El último misterio
En sus últimos años, y a medida que el Parkinson limitaba sus apariciones físicas en los escenarios, el Indio se refugió en su estudio de Parque Leloir. Lejos de retirarse, se volcó a la vanguardia tecnológica utilizando hologramas para sus shows en vivo, pintando, editando libros y lanzando música de forma virtual bajo nuevos alias como "El Míster y los Marsupiales Extintos".
Con su partida, desaparece el último gran chamán del rock de estadios, un artista cuya poesía críptica y voz barítona sirvieron de banda sonora para las alegrías y las crisis de varias generaciones de argentinos. Las autoridades musicales ya anticipan homenajes espontáneos en distintos puntos del país, mientras sus fanáticos repiten, como un mantra de consuelo, una de sus frases más célebres: "Las despedidas son de esos dolores dulces".

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